Del paisaje con ruinas

Muchas son las ruinas que pueblan Castilla y León: en muchos casos la austeridad de las construcciones, la pobreza de los materiales, la falta de uso o la dejación, la despoblación, las guerras o las desamortizaciones remataron su periplo vital. No superaron el reto del paso del tiempo. Su precaria conservación, su a veces escaso valor arquitectónico, su prescindibilidad o la falta de interés turístico al uso han ido relegándolas al olvido o, mejor dicho, a la invisibilidad. 

Pero, a pesar de todo, estas ausencias o presencias menores han impregnado el paisaje de su esencia primera y la voluntad del observador, en un ejercicio de razón y de emoción, es capaz de hacer de su visión una experiencia sensorial, terapéutica o afectiva. 

El valor patrimonial del paisaje de la ruina es una herencia que no siempre nos es grata; al igual que los seres humanos vamos perdiendo la fuerza o la ilusión que una vez dieron sentido a nuestra existencia, estamos de alguna forma hablando de lugares en decadencia o, visto con otra óptica más positiva, de paisajes en transformación. Y, sin embargo, cada pequeño detalle es testimonio de una historia única, un archivo sugerente, un libro abierto con cientos de páginas en blanco...

Las ruinas cobran sentido cuando se comprenden en su realidad compleja, es decir, escuchando su naturaleza, siguiendo el rastro del ser humano en su modificación material o inmaterial y recreando las actividades que en ellos una vez se desarrollaron. Hay que acercarse despacio, mirándolas de otro modo y proyectando en ellas nuestras sensaciones.

Decía Unamuno que el paisaje hay que vivirlo en soledad, que es un producto de la propia personalidad del observador, que supone una experiencia íntima, difícil de expresar:

"Traigo el alma llena de la visión de las cimas de silencio y de paz y de olvido, y, sin embargo, nada se me ocurre, lector, decirte de ello".

Así es. El paisaje solo cobra entidad cuando existe, además, el deseo interior de contemplarlo, de percibirlo con todos los sentidos, de entender su naturaleza, de recrearlo o de escuchar sus historias, aun sabiéndonos manejados por los hilos invisibles de los criterios culturales al uso, de reconocer que nuestro paisaje no tiene porqué ser el de los demás. Es entonces cuando todos los elementos, como en un puzle, encajan y cobran sentido.


"Conservar los monumentos históricos arquitectónicos de un país es impedir que desaparezcan los testimonios más sólidos de su cultura" C. Usquiniano
 © 2022 Patrimonio invisible. Todos los derechos reservados.
Creado con Webnode Cookies
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar