
De visibles a invisibles
Castilla y León es la comunidad española que cuenta con el mayor número de monumentos en peligro. La España vacía agrava este problema en un espacio, como el nuestro, rico en despoblados donde gran parte del patrimonio cultural "menor" está abocado a desaparecer. Pero, ¿cuándo empezó todo? ¿Cómo se ha ido invisibilizando gran parte de este patrimonio? Si sigues leyendo encontrarás, al menos, parte de la respuesta.
ANALIZANDO LA INVISIBILIDAD: VISUALIZANDO NUESTRO PATRIMONIO INVISIBLE
👎EL GRAN EXPOLIO
No hay uno sin dos... o más. Nuestro patrimonio monástico, en su conjunto y como hecho que le diferencia de otros bienes patrimoniales, fue presa de un efecto dominó de calamidades que, desde principios del siglo XIX, lo sumieron en la más triste invisibilidad.
Generalmente atribuimos el comienzo del fin a las sucesivas desamortizaciones que tuvieron lugar en el siglo XIX, pero este convencimiento no es del todo cierto.
Además de la consabida pérdida paulatina de vocaciones, durante los ocho años que duró la guerra de Independencia cientos de cenobios fueron ocupados, expoliados o destruidos. No había conocido nuestro patrimonio peor momento en toda su historia y, desgraciadamente, no fue más que el principio. En 1820 se promulgó un decreto que obligaba a cerrar los cenobios que contaran con menos de doce religios@s. Fue la precuela de lo que aconteció una década después y repetidamente. El año 1835 probó ser otro hito trágico: Mendizábal, en nombre de un gobierno legítimo pero insensible, dio carpetazo a la historia de una buena parte del patrimonio religioso español, y, lo que es peor, abrió la puerta a que la codicia, o la ignorancia, de ricos o pobres, villanos o nobles, profesionales o aficionados, propiciara un saqueo desmedido. A él le siguió Madoz.
La guerra civil y las políticas de desarrollo de la postguerra contribuyeron también a rematar centenares de historias sin futuro y propiciaron la especulación de capitales, mayoritariamente extranjeros, que ya habían comenzado a interesarse por nuestros tesoros despreciados.
El conde de Elgin, con el traslado de parte del Partenón al Reino Unido, inauguró una peligrosa moda que siguieron muchas grandes y conocidas fortunas, comprando al estado o a particulares edificios enteros o parte de ellos. ¿No es acaso una variedad de expolio encubierto y legitimizado?